Jun
18
2021

Opinión

El 5G descentraliza la red y da un impulso decisivo a la sociedad digital

La quinta generación de la telefonía móvil supone un cambio en profundidad en la estructura de toda la red de telecomunicaciones. Por primera vez, la capacidad de gestión de los datos y la inteligencia para procesarlos dejarán de estar al completo en un lugar alejado y centralizado (la denominada nube) y se acercará allá donde sea necesaria. Esta nueva arquitectura permitirá una conectividad inteligente y próxima, lo que supone un impulso decisivo para una verdadera sociedad digital.

El 5G supone la gran descentralización de los procesos y la introducción en el sistema de un grado de flexibilidad y capilaridad desconocido hasta ahora. Sólo así será posible reducir a la mínima expresión el tiempo de respuesta (la latencia) y dar paso a la gran revolución de la interconexión permanente entre dispositivos y entre máquinas (Internet of Things). Un futuro que abre posibilidades infinitas en la automatización de procesos industriales, en la configuración de las nuevas ciudades inteligentes y en la movilidad mediante vehículos conectados y autónomos. Además de suponer una experiencia de usuario totalmente trepidante  en la descarga e interacción con todo tipo de contenidos, incluidos los videojuegos.

Para que la información se maneje allí donde es necesaria, una de las piezas clave en la arquitectura descentralizada del 5G es el Edge Computing, o computación en el extremo de la red. Se trata de disponer de los recursos (almacenamiento, bases de datos y procesado de información) cerca de quien los va a necesitar. Estos nuevos nodos inteligentes se albergarán en pequeñas cajas que pasarán completamente desapercibidas en el paisaje de la ciudad.

El 5G se basa en un ecosistema comunicativo que incluye la utilización de ondas de radio a través de un rango de frecuencias más amplio y flexible (con una combinación de grandes antenas en lugares altos y un entramado de micro antenas distribuidas y camufladas en el mobiliario urbano). El transporte y captación de los datos requiere que las antenas estén conectadas capilarmente con fibra óptica, mediante la tecnología FTTA (Fiber to the antenna). Finalmente, la red se completa con datacenters de tamaño medio, también conocidos como Central Offices, distribuidos a lo largo de las ciudades y sus áreas de influencia.

Cobertura dividida en áreas mucho más pequeñas

La tecnología 5G amplía la capacidad de la red al dividir la cobertura en áreas mucho más pequeñas, con una antena de muy baja potencia en cada una de ellas. Cada antena ofrece servicio a muy pocos usuarios, permitiendo que tengan una velocidad de datos muy alta (hay menos usuarios entre los que repartir), con una potencia muy reducida (equivalente a hablar en voz baja) y minimizando las interferencias con otras áreas cercanas.

La densificación de redes de comunicaciones con 5G ofrece al ciudadano la posibilidad de acceder a contenidos, aplicaciones y servicios de valor añadido a una altísima velocidad y con un bajísimo retardo (se estima que la paciencia de los usuarios se ha reducido a apenas unos pocos segundos). Aplicaciones como las relacionadas con el consumo de bienes y servicios, ocio, turismo y las relaciones del ciudadano con su administración mejorarán sensiblemente. Habrá nuevas formas de gestionar la seguridad y de dar respuesta en casos de emergencias, vehículos autónomos para atender las demandas de movilidad, nuevas experiencias de compra y visualizaciones inmersivas que transformarán el conocimiento de la ciudad.

La conectividad permanente exige un gran despliegue para solucionar la demanda de cobertura, especialmente en aquellos lugares en que hay una alta concentración de personas, como pueden ser centros comerciales, estadios deportivos o el transporte público. Esta necesidad, junto al nuevo mallado y entramado de micro antenas y fibra, refuerza la posibilidad de que sea un operador neutro el que ofrezca el servicio de infraestructura y red a los operadores convencionales.

El 5G es, sobre todo, una tecnología pensada para resolver problemas reales. Por ejemplo, para ayudar a que los contenedores de residuos de las ciudades puedan diferenciar entre los distintos tipos de plásticos o de envases de cristal para su correcto almacenamiento, asociándolos además a la persona que los deposita gracias a la identificación automática. O facilitando la agricultura inteligente, para que máquinas autónomas reconozcan el calibre, aspecto y punto de maduración de la fruta y puedan proceder a su recolección sin apenas supervisión. Un avance que permite a los agricultores tener explotaciones más productivas y que redunda en grandes beneficios para el entorno y el medio ambiente.

Manuel Cañete
Innovation Project Manager de Cellnex

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