Nov
27
2019

Opinión

Infraestructuras para un ecosistema digital

La sociedad y la economía digitales reconfiguran radicalmente el mundo en el que operamos. No se trata de saber si esta transformación es inevitable, sino de comprender como, de hecho, ha cambiado ya nuestras vidas y de anticipar las mutaciones que tenemos por delante.

Esta transformación no sería posible sin las redes de telecomunicaciones que vertebran y capilarizan el territorio. Las llamadas redes heterogéneas (hetnets) en las que se integran distintas tecnologías –fijas y móviles—de transmisión de señal; el satélite, la fibra, el cable, las torres de telecomunicaciones, son partes de un mismo sistema cuya eficacia y eficiencia condiciona la competitividad y el desarrollo equilibrado y equitativo de estos territorios.

El aumento del tráfico de datos –se prevé un incremento del 600% de datos en movilidad en los próximos cinco años y se estima que en 2025 estarán conectados más de 50.000 millones de objetos y personas– es una muestra del desafío para las inversiones que deben garantizar una transmisión segura y fiable de todo este flujo. Los actores del sector de las telecomunicaciones tienen que prepararse para el fuerte aumento de la intensidad de capital al que deberán hacer frente, tanto en los segmentos de conectividad fija como en la móvil.

En concreto, en el caso de las tecnologías LTE (4G y 5G), sobre las cuales se despliega la banda ancha móvil, surgen algunas preguntas: ¿cómo aseguraremos que centenares de miles de accesos simultáneos a contenidos de banda ancha cuenten con la velocidad y los niveles de latencia (tiempos de respuesta) aceptables sin renunciar a la seguridad y la eficacia, como en el caso de los vehículos con sistemas de conducción autónoma?; ¿aumentaremos la densidad de las redes desplegando tantas como proveedores de acceso a la red de voz y datos existen?; ¿o queremos dirigir nuestros esfuerzos a desarrollar modelos de compartición que generen eficiencias e impulsen un despliegue acelerado y más racional de estas redes?.

La palabra clave es «compartición», no «propiedad». Traducido a las infraestructuras supone reducir la asignación de inversiones en redes redundantes por parte de los operadores de acceso a la red, lo que permite concentrar los recursos disponibles en servicios y aplicaciones innovadoras basadas en la banda ancha, que impulsen un ecosistema digital competitivo. Un proceso que en Europa, en estos últimos años, está ganando en protagonismo con propuestas y proyectos que avanzan en la adopción de distintos modelos de compartición en lo que a las infraestructuras de telecomunicaciones se refiere.

Una respuesta adecuada sólo será posible si todos los actores –Administraciones, operadores de acceso a la red y gestores de infraestructuras– trabajan coordinadamente. La densificación de redes condicionará los criterios de planificación y despliegue de las infraestructuras necesarias: localización en el espacio urbano, semiurbano y rural, así como los criterios de eficiencia en su implantación.

Ha llegado el momento de ejecutar los modelos de despliegue que nos doten de unas infraestructuras de telecomunicaciones que garanticen que no nos quedaremos atrás en el acceso a nuevos servicios y tecnologías basados en la conectividad móvil.

Estos son algunos de los retos y oportunidades para consolidar un ecosistema digital competitivo para nuestro país y para Europa.

 

Tobías Martínez

Consejero Delegado de Cellnex Telecom

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